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LA NUTRICIÓN EN LA INFANCIA

Por Marisa Martínez- MAMIFERARTE

Existe mucha teoría que proviene de diversas fuentes e incluso gran parte de ella está respaldada científicamente, lo que nos puede hacer pensar que es lo correcto, pero también estamos asistiendo a una desvinculación de lo impuesto por sistema y cada vez más la sociedad se sale de lo establecido para cuestionarlo y darnos cuenta de que a veces las instituciones relacionadas con la salud están teñidas de intereses económicos en detrimento de la salud verdadera.

Es muy difícil, y requiere energía, averiguar la procedencia de los alimentos que consumimos y qué es lo que realmente necesita nuestro organismo; cuánto más si hablamos de nuestros pequeños que tanto nos importan.

Quizás nutrirnos es más difícil ahora, que tenemos de todo a nuestra disposición, que en otros tiempos cuando la comida requería un trabajo directo para conseguirla, no muchas generaciones atrás. Ahora estamos bastante desvinculados con la energía que se necesita para conseguir un puñado de calorías y en el mejor de los casos un grupo de nutrientes de calidad. Pero hay buenas noticias y es que no es tan difícil volver a tener esa conciencia en nuestra nutrición.

Lo que pretendemos a través de la alimentación es aportar a nuestro organismo nutrientes necesarios para que realicemos nuestras funciones vitales corporales. Partiendo de esta premisa es necesario enfocar nuestra atención en seleccionar alimentos que no sean simples caloría vacías. Quizás es bueno echar la mirada atrás y pensar en una alimentación más natural. Por natural me refiero a alimentos que no estén procesados, que no hayan salido de una planta industrial y que, en su contenido, no tengan más de 2 o 3 ingredientes.

Los alimentos procesados, muchas veces recomendados por los propios sanitarios no tienen nada de saludables, contienen un entramado de ingredientes, más queriendo ser sabrosos y atractivos que nutritivos. Además educan el paladar y las costumbres de nuestros pequeños en un conjunto de sabores y texturas que después es difícil de retirar.
La infancia es un momento de crucial para educar en valores y en costumbres. Si un niño se alimenta de sabores y texturas naturales, vegetales, nada decoradas, se acostumbrará a esos sabores neutros. Un arroz sabe a arroz, y esto puede ser suficiente si no le enseñas a comerlo con tomate frito lleno de azúcar y aceite. Las comidas ya elaboradas merman la creatividad de nuestro gusto y sobretodo la de los niños que son muy vulnerables a los azucares y a los sabores en los que la industria alimenticia nos ha educado a la sociedad en general. Las harinas refinadas, las cantidades de azúcar que inundan todo para hacerlo más rico, los snacks salados y complementados con glutamato monosódico. Los cereales refinados, las recetas precocinadas rápidas con grasas que generan una textura deliciosa en nuestra boca.

Está claro que no es fácil deseducarnos de la inercia que se ha impuesto en nuestra sociedad y como padres tenemos una gran responsabilidad en frenar este consumo desproporcionado de alimentos nada saludables que parece que nos hacen la vida más fácil, pero esto sólo ocurre a corto plazo. A largo plazo estamos fomentando problemas en la salud y en la capacidad creativa de nuestros hijos para que aprendan a valorar la excelencia de los alimentos sanos y nutritivos. No sólo el alimento en sí, sino también las sensaciones de hambre real y de saciedad ya que un alimento sano y nutritivo nos sacia antes si estamos en conexión con nuestro organismo.

Mi opinión es que necesitamos un cambio de paradigma y otro compromiso al interactuar con nuestra alimentación. Son muchas pequeñas cosas las que cuentan:
• Nuestras necesidades personales, porque cada niño es diferente y su organismo tiene necesidades diferentes. Es importante no obligar a comer. Es mejor dejar a la mano alimentos saludables como fruta, frutos secos o cereales integrales, y de este modo le damos al niño la oportunidad de escucharse, de elegir y de tener responsabilidad sobre su cuerpo .
• No tener en casa alimentos superfluos que generan un deseo por encima de las necesidades con el añadido de las negociaciones y los conflictos que generan. Quizás de vez en cuando un capricho está bien fuera de casa, pero darle el valor real de que es algo esporádico y que se hace en familia. Un momento de recreo para disfrutar y compartir, pero no lo habitual.
• Más conciencia para erradicar la creencia de que necesitamos tanta comida para nuestro bienestar. Nuestro cuerpo es una máquina perfecta que sabe optimizar los recursos si son de calidad y ahora nuestras neveras están llenas de alimentos que no necesitamos para nada y en cantidades que sobrepasan lo que realmente es saludable.
• Ser crítico con lo que consumismos. Su origen, la ética con la que ha sido fabricada. Alejarnos de los intereses comerciales y pensar en nosotros, cuestionar si realmente necesitamos tanto alimento envasado que parece que se vende con la intención de facilitarnos la vida
• Dejarnos ayudar y asesorar por personas que entienden de una alimentación minimalista y suficiente. Hay muchas familias a las que les cuesta pensar en cocinar y tener una alimentación sana sin estar metidos en la cocina, pero lo cierto es que una buena alimentación conlleva no procesar tanto los alimentos y volver a lo básico y sencillo. Un arroz integral salteado con ajos tiernos puede ser un manjar.
• Aportar valor añadido desde la alimentación para educar. La cocina puede ser un momento extraordinario de conversación, de hacer recetas junto a tus hijos, de introducirlos en la cultura de la nutrición y mostrarles el valor de compartir y la gratitud de poder disponer de tal variedad de alimentos.
• Aprender a respetar como adultos la grandeza de que nuestros pequeños son seres completos y no necesitan ser tan dirigidos cuando los alejamos de la persuasión de la publicidad engañosa sobre alimentos. Para ello quizás es bueno plantearnos revisar la televisión que ven y alejarlos de los grandes supermercados llenos de anuncios.

Al final su educación pasa por nuestra propia educación en todos los aspectos.

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