SOMOS LO QUE COMEMOS

healthy-1607692_640La Salud en Jaque

Hace tiempo que quiero compartir unas reflexiones acerca de la alimentación. El progreso nos ha traído muchos beneficios y comodidades, sin embargo también ha propiciado muchas alteraciones en nuestros hábitos y muchos desequilibrios en la naturaleza, incluso en la de nuestros cuerpos.

Generalmente tenemos vidas sedentarias, comidas rápidas y con muchos alimentos procesados y refinados. Ya no tenemos tiempo para elaborar y procesar los alimentos como hacían nuestros antepasado, y en cambio la industria alimentaria nos proporciona cada vez un grado de procesamiento mayor. Recuerdo cuando el fiambre se compraba en la charcutería al corte, y hoy día está ya loncheado en bandejas. O los platos precocinados, cada vez más incorporados a la dieta diaria.

Antes se elaboraban los panes, galletas, bollos, etc., hoy todo eso es producido industrialmente, para lo cual hacen falta conservantes, estabilizadores, aromas, colorantes,…

Antes exprimíamos o licuábamos las frutas para tomar un zumo, ahora se compran en tetrabrick. Cuando te paras a leer su composición te preguntas que estas bebiendo y cómo lo procesará tu cuerpo.

Si lo que comemos se procesa en el estómago y en los intestinos para extraer los nutrientes y llevarlos al resto del organismo, donde se incorpora a las células del cuerpo, se me aparece como indiscutible la afirmación de que SOMOS LO QUE COMEMOS. Más aún si lo miramos a nivel microscópico o atómico. Las moléculas, los átomos que entran en nuestro cuerpo se incorporan a él, y otros se liberan y devuelven a la tierra en un ciclo en que todos los átomos pasan por todo lo que forma parte de este planeta. Aquí empieza otra reflexión más profunda en torno a la consciencia de unidad colectiva. Pero no era este mi propósito en este post.

Volviendo a la alimentación, en este punto me planteo que si estas moléculas y sustancias que ingerimos están alteradas o modificadas, bien por ser transgénicas, o bien por diversos procesos industriales como los que se aplican para refinar los azúcares o las grasas, vegetales o animales, o para obtener los almidones y féculas, etc… (cuando miras los ingredientes de la mayoría de los alimentos que no están en su estado puro originario sin procesar, te encuentras todas estas palabras que no suenan naturales como hidrogenado, liofilizado, deshidratado, concentrado, refinado,…); y si además en la producción de los alimentos se utilizan fertilizantes químicos, pesticidas, hormonas y antibióticos, empiezo a pensar que esos “alimentos” se parecen bien poco a lo que la naturaleza desarrollo en cientos de miles de millones de años para mantener un equilibrio en el sistema.

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Así que si comemos cosas que están alteradas, es fácil pensar que el cuerpo, que tiene que procesar esas cosas alteradas va a tener dificultades para hacerlo. Cuando los aminoácidos y estructuras de los alimentos que comemos y tienen que incorporarse al cuerpo son diferentes de las presentes en estado puro en la naturaleza, el proceso de incorporación de esas sustancias a nuestro cuerpo, que está esperando una estructura molecular distinta, se va a realizar con fallos de ensamblaje. Y aquí empiezan las enfermedades. Enfermedades que en muchos casos están normalizadas en nuestra sociedad y que asumimos como normales.

De un tiempo a esta parte ha crecido mi interés y consciencia a cerca de la importancia de la alimentación en la salud y el bienestar, mío y de mi familia, y he cambiado mi opinión de lo que antes consideraba una excesiva preocupación de algunas personas por lo “bio” o “eco” a una mayor consciencia en torno a una alimentación saludable y sostenible.

Mi interés personal y mi convicción de que esto es bueno para todos me lleva a buscar, investigar , preguntar, experimentar y aprender más de estas cuestiones. Apenas estoy empezando, pero me parece un camino apasionante que quiero compartir con todos aquellos que compartan esta inquietud.

Aprender sobre las propiedades y beneficios de cada alimento, pero no solo de esto sino de cómo según se cocinan o combinan con otros podemos potenciar o neutralizar sus beneficios, aprender sobre el efecto de los alimentos ácidos y alcalinos en el cuerpo, sobre como la dieta occidental de nuestro tiempo es eminentemente ácida y como esto acelera el envejecimiento de las células y favorece la aparición de enfermedades, y como recuperar un equilibrio con alimentos alcalinos, me parece fascinante. Y aún más, vislumbrar la relación entre lo que comemos y cómo nos sentimos, o a la inversa: cómo nos sentimos y entonces qué comemos, es un área de conocimiento que me atrae y a la que quiero dedicar una parte de mi tiempo y curiosidad.

Por todo esto he preparado un ciclo de talleres sobre alimentación consciente en los que ir desgranando estos conocimientos, experimentando, aprendiendo, compartiendo y conectado con otras personas que compartan estas inquietudes.

Y un reto más, impulsar y propiciar la consolidación de productores sostenibles, ecológicos y locales me parece un paso más necesario para construir este sistema local consciente en equilibrio en el que quiero vivir. Un paso que ya he dado.

¿Y tú, qué comes?

Tino Barber

Aprender a aprender

Con la proximidad del fin de curso a menudo aumenta la preocupación por los resultados académicos. Una estratégica para reducir esta preocupación es quitarle la “pre-” y quedarse con el “ocuparse”.

Los avances en psicología, biología celular y neurociencia nos aportan conocimientos que replantean lo que pensábamos y hacíamos hasta ahora.

Hoy sabemos que las personas tenemos 5 sentidos, pero nuestras características perceptivas varían de un individuo a otro según predomina un u otro sentido en la construcción de nuestra percepción. Así hablamos de personas más visuales, o auditivas o kinestésicas. Según sea nuestra característica predominante percibimos y aprendemos mejor a través de la visualización y estructuración visual de la información, o a través de la escucha, el habla y la conversación, o a través de la manipulación y el movimiento. Pero hay otros factores con gran influencia como son las creencias, los intereses y motivaciones y el entorno social.

Observar y conocer estos factores individuales y desarrollar estrategias basadas en estas características individuales de nuestros hijos/alumnos es una manera de ayudarles a aprender a aprender eliminando la presión del estudio para devolverles el disfrute por aprender.

Te proponemos una forma de “ocuparte”  para dejar de “pre-ocuparte”. Hemos preparado una charla donde abordaremos todas estas cuestiones.

LUZ

¿Cómo aprendemos?

Durante muchos años pensé que aprendemos estudiando, escuchando a profesores, maestros o mayores, en definitiva autoridades externas que poseen mayor conocimiento que nosotros y de las que bebemos ese conocimiento que de algún modo hemos de memorizar.  Además estas autoridades educativas nos corrigen los errores y nos guían por el camino correcto. Pero con el tiempo fui descubriendo que aprendemos más bien de otra forma.

En realidad aprendemos haciendo, experimentando, curioseando y probando, equivocándonos y volviendo a probar. Disfrutando de cada pequeño logro y perseverando tras cada pequeño desencuentro. Así es como aprendimos a andar siendo bebes, o como aprendimos a dibujar y pintar, a construir un Mazinger-Z con Lego, o arreglar un pinchazo de la rueda de la bici. Y esa gran satisfacción que nos produjo el logro propio, el descubrimiento,  fue la que nos lleno de fuerzas y motivación para poder sobreponernos de futuros intentos fallidos por adquirir un nuevo aprendizaje. Así es como también aprendí a cocinar. Primero tortilla francesa, luego tortilla de patatas, luego un guiso sencillo,… hasta llegar a sofisticadas recetas orientales. No intentamos cocinar una paella el primer día, vamos marcándonos objetivos estimulantes, en los que las destrezas, habilidades y conocimientos están un poco más allá de los que actualmente tenemos, pero no tan alejados como para frustrarnos y desmotivarnos por un probable fracaso ante el gran salto en el nivel de dificultad. Como se suele decir en el argot de la innovación o el emprendedurismo, tenemos que salir de nuestra zona de comfort, pero manteniendonos en una zona próxima a la zona de comfort para limitar, a niveles manejables, la frustración o la ansiedad que produce lo desconocido.

Tampoco nos exponemos a un juicio sumario, por ejemplo invitando a todos nuestros amigos a una comida el primer día que probamos una nueva receta. El juicio condiciona, coarta e inhibe la creatividad y la experimentación. Cuando siendo bebes nos caíamos, no nos decían: “lo ves, ya te he dicho que no te pusieras de pie, que te ibas a partir la crisma!”. Al contrario, nos animaban con ternura para que nos sintiéramos seguros para incorporarnos e intentar dar un nuevo paso.

Con el tiempo y la experiencia, con la observación y la reflexión comprendí que a las personas no se les enseña, las personas aprenden. Desde esta perspectiva, comprendí que la mejor función del educador (profesor, padre, o madre) es acompañar al alumno en su descubrimiento, sin juzgar, dando las respuestas que necesita, o más bien haciendo las preguntas que necesita responderse, sin robarle sus propios descubrimientos, sus merecidos logros y satisfacciones, sin estigmatizar por los errores, sino más bien viéndolos como lo que son, una aprendizaje adicional.

“No he fracasado. He descubierto mil formas diferentes de no hacer una bombilla”

Thomas Alva Edison

 

Así pues, como educadores, resulta esencial aprender a ver la sabiduría interior en cada niño, para acompañarle a descubrirla, a descubrir y cultivar ese talento y vocación que cada uno tiene de modo que pueda brillar con luz propia en todo aquello que haga.

Tino Barber

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El nuevo paradigma de la educación

Nuestra sociedad ha evolucionado en las ultimas décadas a un ritmo vertiginoso. La revolución tecnológica ha propiciado profundos e impredecibles cambios en nuestra forma de vida. Nuestros hijos apenas pueden imaginar una TV en blanco y negro o un teléfono fijo. Sin embargo me pregunto si el sistema educativo ha avanzado al mismo ritmo adaptándose a las nuevas circunstancias,…

…y me contesto que no.

El sistema educativo actual nació entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, con el sistema educativo Prusiano, el despotismo ilustrado. Su fin último era básicamente educar a las masas no ilustradas para capacitarlos para el trabajo de la revolución industrial. Se requería desarrollar habilidades cognitivas y el manejo de máquinas para procesos industriales.

En la actual era tecnológica, ya existen autómatas programables, ordenadores y programas que hacen casi de todo. Las habilidades y capacidades necesarias para desenvolverse son bien distintas.  Sufrimos una hiperinflación académica. Un elevadísimo porcentaje de la población tiene estudios superiores. Antaño eso era condición suficiente para tener un trabajo muy próspero. Hoy en cambio la mayoría de los recién titulados están en paro y tienen que seguir estudiando. En cambio, paradójicamente, otros genios destacan cuando abandonan la universidad para montar una empresa en un garaje, como Steve Jobs, cuando fundó Apple y años más tarde lanzaría al mercado el primer Smartphone.

Nuestros niños están siendo bombardeados con infinidad de estímulos e informaciones diariamente hasta el punto que no saben filtrar y asimilar la información que está a su alcance. Esto es lo que llamamos INFOXICACIÓN. Ya no es necesario memorizar, el conocimiento está al alcance de la mano. Lo diferencial, la clave, está es saber utilizar la información disponible para resolver situaciones complejas. Es decir, no se trata de ofuscarse con lo que “no sé hacer”, sino, preguntarse “qué puedo hacer con lo que sé”. La inteligencia no es solo racional, verbal, lógica o matemática, también es emocional, corporal, musical, artística, humanística, social. Howard Gardner ya lo describió en su teoría de las inteligencias múltiples. La capacidad de interrelacionar ideas, objetos y conceptos con pensamiento lateral, no lineal, es lo que propicia la creatividad y la innovación que es lo que en definitiva permite crecer, avanzar, progresar, frente a ser un número más del engranaje de la rueda de la vida.

Por eso el nuevo paradigma de la educación debe fundamentarse, a mi modo de ver, en 4 principios:

Educación en el Ser versus educación en el Tener. Ser padre, en lugar de tener hijos. El que tiene puede perder. El que es nunca dejará de ser. Educar para tener es educar para competir. Educar para el ser es educar para amar y ser feliz.

Educación emocional. Somos emociones, no pensamiento.La emoción dirige la atención y la atención dirige el aprendizaje. Atendamos las emociones, enseñemos a sentirlas, reconocerlas y expresarlas, a seguir la intuición y no solo a la razón.

No estigmatizar el error. Equivocarse no solo no es malo, sino que es bueno y necesario para aprender. Eliminando el juicio (redefiniendo la evaluación) permitimos la experimentación y la creatividad que llevan al aprendizaje y a la genialidad. Desaparece el miedo y aparece el juego, la exploración, y el aprendizaje auto-motivado por la propia curiosidad innata del niño.

Educación creadora, atención al talento, asistencia al desarrollo de las habilidades individuales únicas de cada niño. Todos nacemos brillantes. La buena educación nos ayuda a descubrir nuestra luz y a permitirnos brillar de adultos y vivir una vida plena y apasionada. La mala educación nos convierte en objetos grises que vagan por la vida esperando que llegue el fin de semana.

La educación no solo sucede en el colegio, se da en todos los ámbitos, con los amigos, en la familia, en las aficiones,… Trabajemos todos juntos en continuar mejorando el futuro de nuestros hijos en el nuevo paradigma de la educación. En última instancia educamos para que nuestros hijos sean felices.